Qué te puedo decir
Si toda la expectativa -que en mi caso no es cualquier cosa-
Se vió obligada a desfallecer.
Qué me digo a mí,
Sí tan sólo fue una expectativa no debería darme esta mala vida, ¿verdad?,
Pero como seducir a la mala vida lejos de aquí,
Si es ella lo que existe dentro de mí,
Más aún, es ella quien me da la inspiración de finalmente escribir
(Espero no pensaras que fuiste tu).
A ti, a mí, y a la mala vida que me acompaña cual amante,
Podría recordarnos que la vida (la clásica, ni buena ni mala)
ha demostrado con creces su capacidad de dar vueltas imprevistas
-hasta llegar a sorprender a nuestra optimista y ociosa fantasía-
tentándome a quedarme sentado esperando
que la deje hacer su parte,
y me deje caer en aquello de “esperarte”,
-a pesar de que te dije que no lo haría-
esperar que la vida se encargue nuevamente
de poner a tus labios libres
en el sofá de tu sueño, de nuestro lunes.
Contigo y por tí logré escapar de la pasividad propia de quien vive esperando,
y no puedo dejar que se instale otra vez por estos lares,
así que por momentos parece sensato aquello de actuar,
de hacer algo al respecto,
de tomar la vida con las dos manos,
y todas esas pajas de libros de autoayuda,
las cuales justificarían cometer alguna estupidez de bolero
para tenerte aquí.
Pareciera que me queda una única opción:
Aprender como se usa, con orgullo y amor propio,
La palabra resignación.
Esta decisión te deja a ti un tanto como la guayabera,
Y de este triángulo en el que estamos
Sólo quedaremos dos,
Mi amante y yo,
P.D: Las amantes, por definición, son temporales, ¿no?